Hotspot de Biodiversidad

Ammotragus laervia, el arruí o muflón del Atlas, es un caprino cuya distribución espontánea actual se circunscribe al norte de África, donde ocupa de preferencia ecosistemas abiertos y esteparios, y está en peligro de extinción. Buscando un aprovechamiento cinegético fue introducido hace varias décadas en el Sureste Ibérico, donde ha encontrado ecosistemas muy similares a los de sus países de origen y se ha propagado por un amplio territorio... Más recientemente ciertos sectores ambientalistas proponen exterminarlo en todo el todo su ámbito geográfico ibérico, por que según los mismos se trataría de una especie exótica invasora, con un fuerte impacto sobre los ecosistemas locales y las especies autóctonas. Pero estas afirmaciones no se sostienen cuando es enjuiciadas desde una perspectiva científica... Existe abundante registro fósil del pleistoceno reciente, de un género muy próximo (Hemitragus) y de nicho similar, y al parecer algún material concreto ha sido atribuido al propio Ammotragus. Por lo que respecta tanto a la escala del tiempo geológico, como por la composición, estructura y funcionamiemto de los ecosistemas, y a sus opciones de configuración, decir Pleistoceno tardío es como decir ahora mismo, por lo que en realidad, más que hablar de la introducción de una especie exótica, en realidad podríamos estar hablando de la sustitución de una pieza perdida hace poco (~100.000 abp.) por otra equivalente próxima, o incluso de una reintroducción... Sin duda Ammotragus provoca daños a veces muy importantes en la vegetación cuando sus poblaciones se incrementan de forma desmesurada, pero lo mismo sucede con otros ungulados silvestres en circunstancias parecidas y el remedio es el mismo en todos estos casos: intervenciones de extracción cuidadosamente planeadas, que mantengan en óptimo su número, densidad y distribución, depredadores naturales o ambas cosas a la vez...

Por otra parte, la disparidad de criterios a la hora de tomar decisiones de gestión respecto a Ammotragus refleja diferentes formas de entender la conservación de la biodiversidad: existe una tendencia bastante extendida, que se orienta a mantener los paisajes y ecosistemas como si nunca hubiesen sido modificados por mano humana y, si estuvieran alterados, en la medida de lo posible devolverlos a su estado original. Salvo en espacios muy bien conservados, este último concepto resulta muy resbaladizo: los ecosistemas cambian con el tiempo, a veces con gran rapidez, y habríamos de ceñirnos a tiempos concretos. Si éstos son muy recientes (período Holoceno), faltarían múltiples piezas, sobre todo de megafauna, y el ecosistema experimentaría diversas alteraciones consecuentes con tales ausencias... En resumen: mantener los ecosistemas y sus especies "como eran antiguamente", puede resultar muy sugerente pero carece de significado concreto. Otro criterio típico de esta perspectiva medioambiental se refiere al uso productivo de los ecosistemas: habría de ser completamente descartada cualquier intervención que no sea estrictamente necesaria para conservarlos. Afortunadamente hay otras posibilidades... Desde la ingeniería de ecosistemas, que incluye permacultura, rewilding y gestión de servicios ecosistémicos, no se trata sólo de mantener cuantas reservas biológicas resulte necesario: también de extraer cosecha sostenible en ecosistemas reconstruidos o naturales, y competir así con un sistema agroganadero voraz y destructivo, que intentará expandirse en tiempo de potencia decreciente... Desde esta óptica, Ammotragus va a ser pieza imprescindible en buena parte del sur y levante ibéricos: está preadaptado a las condiciones esteparias cuya prevalencia se prevé a medio plazo, presenta divergencias de nicho respecto a otros dos caprinos ibéricos (Capra y Ovis) que hacen improbable la competencia excluyente en grandes extensiones, y como otros ungulados ayuda a controlar el fuego al eliminar exceso de vegetación baja y convertirla en carne.

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Sin abonos ni labranza no hay agricultura. Lo que se negocia es la disminución de la productividad. Y a cambio no mejorar el Mar Menor...
"El problema de fondo, por no estar resuelto, no está ni planteado en términos objetivos. Las coyunturas ambientales determinarán altibajos en la calidad de las aguas, pero la solución deberá tener magnitud proporcionada al problema: una macrointervención de ingeniería ecosistémica para toda la cuenca."
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"Tiñoso y sus inmediaciones han experimentado un notable incremento de vegetación y suelo desde que hace unos cuarenta años se dejó de pastorear en gran parte de la zona. Pero ahí el ombroclima es claramente árido y la fisonomía de desierto; o estepa si se prefiere; sigue y seguirá presente aunque con una biodiversidad extraordinaria que posiblemente se incremente aún un poco más... En esta zona los palmitos y lentiscos forman cordones de garriga en vaguadas y rebordes bajos de roquedales, hay formaciones arbustivas mayores junto a cauces, con baladres y bayones, y en muchos lugares la incidencia de nieblas estivales es lo que marca que haya algún que otro pino o arbusto siempre verde. Donde no, predominan los caducifolios inversos; verdes en "invierno"; como el cornical, la esparraguera blanca o la aliaga litoral. Estas dan forma a la fase clímax rellenando espartales y albaidares. En otras zonas aun más secas por escasez de nieblas, las cosas se quedan en romeral con jarillas y como mucho puede desarrollarse un esparragal de horridus o excepcionalmente se insertan crasas importadas como Aloe maculata o Agave sisalana."
E4E

Comentarios

26.09 | 19:26

Gracias. Un cordial saludo.

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17.09 | 10:26

Me gusta

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30.08 | 16:29

Gracias Carmen. Quedo atenta.

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06.07 | 00:31

Hola Antonio, si efectivamente tiene que ver con la paleodieta pero desde un análisis científico basado en la bioquímica, la ecología y la antropología...

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